lunes, 3 de agosto de 2015

Ghille y Javier.

A veces necesitamos sentirnos un poco protegidos. Ser importante para alguien. Y no conseguirlo puede ser enormemente frustrante.














Ghille y Javier.

Hacía un tiempo de perros. Mucho viento, llovía con intensidad. El viaje desde su casa de la sierra había sido muy pesado. Estaba cansado. Estaba cansado y desilusionado. Él pensaba que esa semana en la montaña, solo, iba a servir para aclararle las ideas. Pero no había llegado a ninguna conclusión. Por primera vez en su vida se sentía sin rumbo, sin algo que le impulsara. No entendía las cosas que le estaban pasando. No comprendía lo que sentía dentro de él.
Todo empezó cuando Jules le dejó. Evidentemente Ghille había tenido mucho que ver. No lo acababa de entender, porque ese chico no le gustaba en ese aspecto sentimental-sexual; ni siquiera sabía si era homosexual. Javier creía que no, aunque nunca se había preocupado de ello, porque no lo miraba bajo ese prisma. Para él era un joven al que las cosas le habían venido de cara desde pequeño, no había sabido sortear la mala suerte, acabando en la cárcel. Pero la atención que le dedicaba yendo a visitarlo, su preocupación porque saliera adelante, había puesto celoso a su novio.
Vueltas y vueltas sobre lo que les había pasado. Había algo que se le escapaba de todo aquello. De él y Jules. Algo que no lograba determinar.
Ya había aparcado el coche y miraba a ninguna parte. Y la cabeza no hacía más que rugir.
Tenía que haber algo más. ¿Aburrimiento? Quizás el trabajo. Ser policía no era la mejor ocupación para tener una vida privada tranquila. Sobre todo de la manera que lo vivía él. Era su pasión, era su vida, y si había un caso abierto, no dejaba de darle vueltas hasta que encontraba un camino. Por la noche, por el día, en la comisaría, en casa o en el restaurante. Pero eso siempre había sido así y Jules lo sabía desde el principio. A lo mejor pensó que le iba a cambiar. Pero la gente no cambia así como así. A parte, dejaría de ser él, Javier, para convertirse en otra cosa. Había mamado lo de policía. No concebía su vida haciendo otra cosa que eso. Y ahora que lo volvía a pensar, sí había cambiado un poco. Había cedido en algunas cosas, como en lo de ir a vivir juntos, que no le hacía mucha gracia al principio, o lo de dejar al menos un día el móvil apagado. Solo ellos. Y salir por ahí a bailar, cosa que a Javier nunca le había hecho especial gracia. Ninguna, de hecho.
Jules podía echarle en cara que le dedicaba a Ghille algo de su tiempo. Pero... no se lo quitaba a Jules, se lo quitaba en todo caso al trabajo y era un par de horas cada semana, como mucho. Salvo el día en que se enfadó con el chico y luego éste le volvió a llamar para que entrara de nuevo en la cárcel. Ese día sí llegó tarde a la comida familiar. Pudo mentir sobre la causa, pero no le salió. Ahí se precipitó todo.
- Pues ya está, se acabó, deja de darle vueltas, Javier – se dijo en voz alta. - Vamos a la cama, coño, que estás molido. Una buena siesta. ¿A la cama? Pero si son las 4 de la tarde...
Sacó la tarjeta del contacto y se quitó el cinturón. Al menos, después de dar un ciento de vueltas para aparcar, lo había hecho cerca de su portal.
- Mañana me voy en autobús. Este sitio es un chollo, no lo puedo perder así, tan fácil.
Corrió hacia el portal.
- ¡Mierda! La puta bolsa de viaje.
Volvió en una carrera y la cogió del maletero. “Me estoy empapando y este jodido aire se me mete hasta el tuétano”.
Ya en casa dejó la bolsa en el hall. “Mañana saco la ropa”. Se lo pensó mejor y llevó su abrigo, las botas y la bolsa al baño: estaban empapados. Se sentó en el sillón del salón y puso los pies sobre otra butaca que tenía en frente. Cogió un libro y se dispuso a leer. Al acomodarse se fijó en que Eulalia, la mujer que le hacía la limpieza un par de días a la semana, había dejado unas cartas en la mesa. Parecían de bancos o facturas del teléfono o de la luz. Pero una asomaba por debajo, con la dirección escrita a mano, con una letra que parecía de un niño pequeño. La cogió y la abrió.
Era de Ghillermo.
Lo primero que pensó es que le había pasado algo. Aunque cuando leyó las primeras líneas se tranquilizó. Solo le deseaba feliz año nuevo, porque como hacía semanas que no iba a verlo...
Sí, era un reproche muy sutil. Desde aquel día, con el follón que le montó su novio, no volvió. Luego se echaron las Navidades encima, un par de semanas con mucho trabajo en la comisaría y luego las vacaciones. En medio, Jules le dejó con un palmo de narices.
“Me voy, Javier, no me quieres. Quédate con tu ladrón”.
Algo así le dijo. Y cerró la puerta de un golpe, después de sacar sus cosas. Aunque no se llevó mucho... “Este se había llevado ya casi todo. Dejó eso último para la pantomima final “me voy que no me quieres, bubububububu”.
Un día, al cabo de un par de semanas, Jules le mandó un wasap.
- Qué tal con tu ladrón. ¿Ya has pedido un privado en la cárcel para follar con él?
Le sentó mal. No venía a cuento. Le llamó y acabaron discutiendo, como nunca habían hecho. Siempre a vueltas con Ghille. Y no recordaba ni siquiera haberlo tocado, ni rozado. Cuando lo esposaron y lo llevaron a las celdas, no lo hizo él, así que, ni siquiera así lo tocó. ¿Estaría Jules obsesionado? A lo mejor había sido por culpa del sexo. Pero no había detectado ninguna cosa extraña. Había seguido con su marcha de siempre. Incluso más frecuente, por eso de que se olvidara del ladrón, como lo llamaba él. A lo mejor no estaba contento con el sexo. ¿No disfrutaría?
En aquella conversación no sacó nada en claro. Pensó incluso en investigar si había algo tras aquella marcha tan intempestiva. O si le estaba haciendo pasar por el culpable y era él el que tenía otro rollo por ahí. Una vez Gloria, su prima, si que le insinuó algo. Pero no la hizo caso. Gloria era una cotilla, una metomentodo. Era adorable, él la quería mucho, pero armaba tales follones... el Vince ese al que había invitado a la sierra, a su fiesta de Navidades. Al final se hizo con su móvil y no le había dejado de mandar wasaps todos los días desde la fiesta.
- Es un estirado – le dijo Gloria cuando se lo contó – no le hagas ni caso.
- Pero como dices eso, Gloria, si me lo has presentado tú para que ligáramos. No me toques las narices. ¡Qué jodida eres!
- Ni caso – insistió la mujer.
Y de ahí, no la sacó. Después de meterle en el fregao, con un “no le hagas ni caso”, todo solucionado. Y el caso es que un poco de morbo si le daba. Un buen polvo, a lo mejor... era así, rubiales, delgado, con una sonrisa muy bonita, unos labios finos, ojos azules, era alto, casi 1,83, calculaba él. Y no parecía tener mucho pelo en el cuerpo.
- ¿Y si echo un polvo con él y después que le follen?
- Mañana si acaso – se contestó a sí mismo.
Cogió otra vez la carta de Ghillermo. La volvió a leer con más atención. Parecía triste. Sí, estaba triste. ¿Le habría pasado algo?
Miró el reloj. Apenas eran las 4 de la tarde. A lo mejor, si tenía suerte... podía organizar algo para animarlo. Al final lo había acabado abandonando. Lo que le prometió no hacer. Y aunque durante casi todo el tiempo desde que se conocían se había mostrado arisco, Javier sabía que era una especie de coraza de protección. Le habían hecho tanto daño todos los que decían quererlo, le habían abandonado a su suerte tantas veces, que prefería que nadie le dijera nada agradable a perderlo otra vez. Si le había mandado esa carta, era que estaba mucho más desesperado y solo de lo que se atrevía a decir.
Llamó a unos contactos. Favores pendientes, amigos, amigos de su padre. Al final consiguió un vis a vis para esa misma tarde. Estaba libre una de las salas que se utilizaba para eso. Cogió el abrigo y salió corriendo de casa. En la esquina había una pastelería que tenía muy buenas tartas. Recordó que la última vez le dijo Ghiller que le gustaba el chocolate y la crema.
- Una tarta de chocolate y crema.
Era casi de un kilo y medio. Mucho para los dos, pero mejor que sobrara. Compró unas bebidas, refrescos de todo tipo... no sabía que le gustaba.
- ¿Y su cumple?
Una idea... recordó que su cumpleaños era en enero, poco después de las vacaciones de Navidad. Era 17 de enero.
Llamó a la comisaría. María le hizo la consulta.
- El 16.
Ayer.
- Unas velas por favor. 22 años.
Tenía que llegar en media hora. Se montó en el coche y sacó el rotativo. Nunca lo había hecho antes. Pero debía compensar a ese chico.
Ya le esperaban en la cárcel. Juan, el Guardia Civil de la puerta le dio un abrazo para felicitarle el año. Fue saludando a todos los funcionarios que se iba encontrando por el camino. Ya en la habitación habilitada para los vis a vis, respiró hondo. No sabía que decirle para hacerse perdonar. Tenía miedo de lo que se iba a encontrar. ¿Y si le había pasado algo? ¿Y si no queríe verlo por haberse olvidado todas esas semanas de él, cuando le había prometido no hacerlo? Y más desde esa última vez que cambió tanto de actitud.
Puso la tarta en la mesa y encendió las velas. Sacó un par de cucharillas de plástico que le habían dado en la pastelería y comprobó que tenía la navaja en el bolsillo, para cortar la tarta. Respiró hondo cuando escuchó que se abría la cerradura de la puerta de los presos.
- Pasa.
El funcionario le empujó dentro sin contemplaciones.
- No quería venir. Será desagradecido...
Ghiller no quería mirarlo. No levantaba la vista del suelo. Javier se quedó parado, sin saber que hacer. Parecía más pequeño que la última vez. Estaba consumido, con el cuerpo encogido.
- ¿Te puedo dar un abrazo? - propuso titubeante, pero simulando alegría.
Se le ocurrió de pronto. Abrió los brazos y sonreía. Miraba a Ghillermo con fijeza. Aunque el chico no respondió, no se amilanó y siguió con los brazos abiertos.
- ¿Te puedo dar un abrazo?
Lo repitió en el mismo tono alegre, intentando hablar con más seguridad, aunque él se notó un matiz de nerviosismo. Dio un paso hacia el chico.
- ¿Te puedo dar un abrazo?
Otro paso. Ya estaba casi a su lado. Estaba delgadísimo.
- ¿Te puedo dar un abrazo?
Dio el último paso. Casi se rozaban, pero Ghille no reaccionaba. Seguía con la cabeza gacha. Parecía que temblaba. “Está rabioso”.
No se lo pensó más, y lo abrazó. La primera reacción de Ghillermo fue de revolverse. Intentó soltarse, pero estaba tan débil que no pudo luchar contra la fuerza de Javier, que lo había rodeado con sus brazos. Pero no cejaba en el intento, seguía luchando.
Al cabo de un par de minutos, notó Javier un cambio. Ghillermo dejó de luchar, se abandonó. Pero casi en ese mismo instante, empezó a temblar compulsivamente. Se apartó para mirarle la cara, y aunque Ghille intentó que no se la viera, pudo comprobar que lloraba. Cada vez más fuerte. Lloraba con todo el cuerpo. Estaba gastando las últimas fuerzas que tenía en ese llanto.
- No me dejes otra vez, me lo prometiste. Pensaba que no eras como todos y me has dejado tirao. Maldita tu jeta.
Le golpeaba el pecho con sus puños. Y lloraba. Y le seguía echando en cara el mes y medio que había pasado desde la última visita. “¿Mes y medio ya?” Mientras lo apretaba contra su cuerpo, al abrirse un poco la camisa que llevaba, que le estaba muy grande, comprobó que la espalda del chico estaba llena de heridas. Prefirió no mencionarlo. Ya habría tiempo.
- No me vuelvas a dejar. Haré lo que quieras. No tengo a nadie.
Consiguió llevarlo hacia la cama. Lo obligo a sentarse a su lado y lo siguió abrazando. Poco a poco se fue tranquilizando.
Le levantó la cara. Sacó un pañuelo del bolsillo y le secó la cara, llena de lágrimas.
- Así mejor – le dijo acariciándole la mejilla.
- Feliz cumpleaños.
Se le iluminó la mirada al instante.
- Mira que tarta te he traído.
Se fue a levantar pero tuvo que sentarse de nuevo. Le fallaron las piernas y no le sostenían. Javier se levantó y le ayudó a hacerlo.
- Toda es para ti.
- Pero tienes que comer. ¡Es enorme! Menuda jartá a comer. Y es de chocolate.
- Claro, si me invitas. Y de crema por dentro.
- Eres bobo, como no te voy a invitar si la has traído tú. Hostia, te has acordao que te dije que me molaban las de chocolate y crema.
- Como estabas enfadado...
Se quedó mirándolo. No supo Javier interpretar lo que decía esa mirada.
- Me tienes que felicitar como se hace.
- ¿Como se hace?
- 22 besos en cada papo.
Javier se rió con ganas.
- ¿Así, seguidos?
Él asintió con la cabeza. Parecía que en lugar de 22 tenía 10 años.
Le agarró la cabeza y le dio los primeros 22 besos en la mejilla derecha. Y sin descansar, le dio los 22 en la otra mejilla.
Se le volvieron a humedecer los ojos.
- Pero no llores. ¿Por qué lloras? Estoy aquí.
- Pensaba que no me ibas a dar los besos.
- ¿Y por qué?
- Decían el Martins que solo querías partirme el culo y que me chivara de todos. Un aprovechao, como todo el mundo.
- Vaya con el Martins.
- Y me dejaste.
- ¿Me perdonas?
Asintió despacio con la cabeza.
- Sabes, Javi, nadie me ha dado tantos besos en mi puta vida. No recuerdo el último beso que me dieron.
No supo que responder. Ahora era él al que le entraban las ganas de llorar.
- Y así, antes, cuando me has abrazao, joer, ha sido la leche. En mi puta vida.
Javier volvió a sacar el pañuelo esta vez para secarse sus propias lágrimas.
- Vamos a comer la tarta, leñe, que me ha costado una pasta. Es de una pastelería cañera.
Se comieron casi tres cuartas partes. Los dos parecían estar hambrientos. Empezaron a bromear y a reír. Al acabar, se sentaron en la cama, apoyados en la pared. Ghille se acurrucó en su pecho y le rodeó torpemente con sus brazos. Javier a su vez lo rodeo con los suyos. Y sin ser consciente de ello, empezó a moverse muy suavemente, de atrás a adelante, como si estuviera cantando una nana a un bebé y meciéndolo suavemente para que se durmiera.
Ghillermo no se durmió. Estaba tan a gusto que no quería perderse por nada del mundo esa experiencia. Javier le besó en la cabeza. Una nueva lágrima se escapó de sus ojos. Y sin él saberlo, de los ojos de Ghillermo, también salían nuevas lágrimas. Era tan feliz en ese momento...
- Javi - susurró de repente Ghille.
- Dime.
- No son 22.
- ¿22? - No sabía a qué se refería.
- Los años.
- ¿No son 22?
- Son 20.
- ¡Anda!
- Sí.
- Entonces me tienes que devolver dos besos en cada papo – se lo dijo muy serio, aunque había un pequeño gesto de broma en su rostro. - Ha sido un pago indebido.
Ghille se incorporó un poco y le dio el primer beso en la mejilla. Fue un beso torpe, con los labios hacia adentro. Se quedó mirando la reacción de Javier, que no movió la cara, esperando el segundo. El chico se lo dio.
- Ahora el otro.
Ghille suspiró fingiendo hartazgo. Y le dio los otros dos besos.
- Ea. Ya está. Lo justo, justo.
Javi se volvió a recostar y Ghille volvió a acomodarse sobre él. Volvió el suave balanceo propiciado por Javier. Ghillermo no recordaba un momento así en su vida. Feliz y protegido. Pero a la vez, le causaba terror, solo de pensar que podía ser un momento efímero.



domingo, 2 de agosto de 2015

En la playa.

Con la brisa del mar erizando sus vellos.
Qué bonito.
Con lo bueno que hace estos días ¿Quién se resiste a ir a la playa?








sábado, 1 de agosto de 2015

Cuan largos son.

En posición majos desnudos. O recostados. O descansado.
Para que se te caiga la baba con estos estupendos cuerpos.
Es un especial de Rey.














viernes, 31 de julio de 2015

Encadenando.


Anselmo saca la polla. A ver quién la quiere.


Carmelo pasa del tema. No le va ni la polla y Anselmo.



Dionisio ha tenido una mala noche y no está por la labor. ¡qué pereza levantarse!



Facundo está haciendo estiramientos. Mientras, se lo piensa.


Evaristo se lanza.
- ¡Mira! aquí estoy, dispuesto. Ven, ven.



Y va y se ponen a ello...


Pero Guillermo también quiere guerra.


Y mira, como Anselmo puede con dos y con tres si la cosa se pone interesante, pues le da gusto.
Todos contentos.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


jueves, 30 de julio de 2015

Hombre desnudo sobre fondo de ruinas.









Alberto regresó a la casa de su niñez. Estaba en ruinas. las cosas habían cambiado mucho en los últimos años. Su familia había perdido el glamour que tenía hacía tiempo.
Sintió una enorme tristeza recorriendo esas estancias, subir por la escalera, mirarse en ese espejo en el que, cuando era pequeño, veía reflejadas sus historias imaginarias.
¿Qué habría sido de Fernando, su amigo del alma? ¿Y de la tata Herminia? 

miércoles, 29 de julio de 2015

Dos chicos que al final se aman. (por Iván)

Pues sí. Se decidieron.
Y están dispuestos a mostrarse. De hecho, parece que están comprobando que estáis ahí.



Y una vez que se han cerciorado de que el público está en su sitio, la cosa prosigue.