viernes, 3 de julio de 2015

Bedline.

Pues esta mañana he oído en la radio a una locutora exclamar alborozada que había visto un skyline maravilloso. Lo de skyline me ha parecido de un tonto subido. Una forma de hacerse el guay.
Pero mira, he decidido ser igual de guay y traeros hoy aquí un maravilloso bedline. Este si que es guay y maravilloso.









jueves, 2 de julio de 2015

Carta de amor - Juan y Manolo.




Querido Manolo:

Hoy es San Valentín. Hoy es nuestro día. Hoy estamos juntos, al fin. Después de tantos años.
Te oigo trastear por la casa. Estás preparando la comida. Vamos a hacer una comida especial los dos solos. Mañana comeremos con nuestros hijos, como una familia feliz. Ya era hora. Lo que nos ha costado. Casi cuarenta años.
 ¿Te acuerdas de cuándo fue la primera vez que nos vimos? Teníamos 19. Yo había empezado ese año la carrera. Tú ibas con tu padre, de pintor. Estabais pintando los pasillos de la Facultad. Era la hora del almuerzo y estabas sentado sobre una lata de pintura, con tu bocadillo de tortilla de patata y cebolla, tu preferida. Tu madre te lo había preparado esa mañana, como todos los días. Tu padre andaba por ahí, haciendo relaciones con el secretario de la facultad. Se le daba bien eso de hacer la rosca. No decía que no a nada, a todo que sí. A lo sumo, cuando el interlocutor había acabado, le proponía lo que él creía que era mejor. Lo dejaba caer como una posibilidad que se le había ocurrido. Y a veces se salía con la suya, sin que el otro se diera cuenta. A ti esas cosas te repateaban, pensabas que era un jodido lameculos. Y no te faltaba razón. Aunque a eso ahora se le llama relaciones públicas o marketing. Estabas enfurruñado viéndolo en la distancia. Te parecía que se rebajaba.



Te había estado observando un rato. Llevaba días que te veía de lejos. Te confieso que soñaba contigo y te imaginaba desnudo, con tu cuerpo lleno de pintura. Eso me ponía a cien. Menudas manuelas me cascaba a con esa imagen tuya. Pero no me atrevía acercarme. Eras tan... macho que me parecía imposible que te pudiera gustar yo. Pero el día anterior, te pillé observándome, a hurtadillas. Cuando te atisbaba, apartaste deprisa tu mirada y disimulaste dando vueltas a la pintura en un cubo donde mezclabais el color. Por eso ese día, me armé de valor y me acerqué a ti. Te iba a preguntar si podrías ir a pintar mi casa, que mi madre buscaba unos pintores buenos y tal y que le había hablado de vosotros. Era una bobada de escusa, pero no se me ocurrió otra para acercarme. Pero iba tan nervioso que me tropecé con algo y me caí sobre el cubo de pintura y lo tiré todo. Fue un desastre, porque hubo que limpiar todo el suelo corriendo y juraste en hebreo. Pero aún así, aun enfadado, te acercaste y me ayudaste a levantarme del suelo. Aunque me mirabas con cara de pocos amigos.
Ese día llegué a casa muy triste. Había perdido la ocasión de entablar una conversación contigo. Era lo que más me importaba en el mundo en ese momento: conocerte. Pensé que ya no podría acercarme a ti, porque me habías llamado de todo y porque tu padre, me miró de una forma que nunca olvidaré. Con un odio y un asco que nunca le había visto a nadie. Con lo pelota que era con el Secretario de la Universidad, lo sercicial que era con los clientes, y el asco con el que me miró. Yo creo que ya en ese momento, se imaginó algo.
Pero al cabo de una semana, nos encontramos de nuevo. Estabais pintando al lado del gimnasio. Yo iba corriendo porque llegaba tarde al entrenamiento de baloncesto. Y chocamos. Volviste a jurar y a llamarme patán. Yo no dije nada, solo intenté excusarme torpemente. Pero de repente, te callaste y te quedaste mirándome. Me levanté y corrí hacia el gimnasio. Por dentro iba llorando, frustrado por mi mala suerte. Y encima el entrenador me echó la bulla por llegar tarde.
Cuando salíamos del entrenamiento, te vi en la calle, escondido detrás de un árbol. Me despedí de los compañeros y me acerqué, despacio, nervioso. Allí estabas, fumando un Ducados, apoyado en el árbol, con una pierna doblada, con el pie apoyado también en el árbol, con tu pelo negro ensortijado tapándote parcialmente esos los ojos marrones, con tu camisa de franela abierta, dejando ver los primeros pelos del pecho, con tu cazadora de cuero negro, tus deportivas azules, tus pantalones vaqueros ajustados. Pude ver que tus manos tenía restos de pintura, aunque se notaba limpias. “¿Tomamos una cerveza?”, me propusiste. Lo hiciste brusco, seco. Pero no pude negarme. Y lo hice bruscamente, sin gracia: “Sí”.
 Estuvimos muchos días quedando. Paseábamos por sitios poco concurridos, donde sabíamos que no veríamos ni a tus padres ni a los míos, ni a nadie conocido. Aunque todo eso no lo decíamos en voz alta, simplemente lo hacíamos. Si íbamos por una calle que podía ser peligrosa para alguno, decíamos: “por aquí no”. Acelerábamos el paso para alejarnos y lo bajábamos cuando estábamos en territorio seguro.






Recuerdo el primer día que nos besamos. Escondidos en un portal que encontramos abierto, debajo de la escalera, a oscuras. Era un sitio lúgubre e insalubre. Yo creo que pisamos un montón de cucarachas mientras estuvimos allí. Pero aunque tampoco dijimos nada, necesitábamos besarnos, tocarnos. Fueron unos besos nerviosos, sin gracia. Me acuerdo que mientras lo hacíamos, nos metimos mano igual de torpemente que nos besábamos. Pero sentir tu mano fría buscando mi miembro, fue una sensación increíble. Como la mía, luchando con la cremallera de tu pantalón y con la goma de tu calzoncillo y acariciando tu muslo peludo buscando... Tuvimos que salir de estampida, porque bajó el vecino de la entreplanta que nos debía haber oído besarnos. “Hijos de puta, degenerados”, nos gritó. Nosotros corrimos y corrimos hasta que caímos jadeando en el banco de un parque. Nos reímos. Y ahí, nos volvimos a besar. Ese beso fue mejor.
Pero las circunstancias no nos lo puso bien. Unos días después, inopinadamente, tu padre decide mandarte a estudiar fuera. Él se olía algo, lo sé. Desde el primer día. Me lo dijiste llorando aquella tarde de viernes. Te ibas el lunes siguiente. Pensamos en hacer el amor antes de que te fueras y lo organizamos todo; pero fue complicado. Porque justo ese sábado, antes del partido, se presentó un enviado del Real Madrid de baloncesto. Quería ficharme. Me vino el entrenador, me apartó del resto del equipo y me dijo muy serio: “sin mariconadas, Juan. No la jodas. Esto no pasa dos veces en la vida. Ahí no se permiten esas cosas.”
Vinieron mis padres después del partido, y nos reunimos todos. Parecía la mejor oportunidad de mi vida, algo impensable. Ahora a pocos sucede, pero en aquellos tiempos, recuerda, todo era más complicado. Simplemente jugar en un equipo de baloncesto profesional, era para unos pocos. En el Real Madrid, imagina. Y yo era uno de ellos. Uno de los once escogidos. Pero aún así, les dije que me lo pensaría. Lo dije muy seguro, dejando a mis padres y al entrenador con la boca abierta. Cogí mi bolsa de deporte y salí del polideportivo, corriendo, llegaba tarde a mi cita contigo.
Y fui a buscarte donde habíamos quedado. Y te habías ido. Llegaba dos horas tarde, no era de extrañar. Corrí por todos los sitios por los que solíamos ir, y por delante de tu casa, y por el parque, y por la casa aquella de nuestro primer beso. Luego se me ocurrió... el polideportivo. Y allí estabas, escondido en las sombras, esperando porque pensabas que estaría dentro. Cundo llegué a tu altura, no pude contenerme y te abracé y te besé con pasión. Me daba igual que nos vieran, me daba igual el Real Madrid, el baloncesto, mis padres, el entrenador... solo me importabas tú. Fuimos a casa de Rosa, tu amiga, que nos había dejado su pequeña apartamento para esa noche. Y lo hicimos. Fue mal sexo, pero fue buen amor. Nos reímos mucho por nuestra incompetencia en la materia.



Luego hablamos. Mientras fumábamos. Yo quería irme contigo, seguirte. Pero... luego nos dimos cuenta de que eso no sería posible. Hace cuarenta años, las cosas no eran como ahora. Ya estábamos en boca de todos y eso que teníamos cuidado con lo que hacíamos cuando había gente. Pero estaba claro que tu padre lo sabía y que mi entrenador, también. Y me imagino que mis padres. La torta que me dio mi viejo al llegar a casa de madrugada, me hizo pensar que así era.
No nos volvimos a ver en muchos años. Ni siquiera nos escribimos. Triunfé en el Real Madrid. Triunfar en un equipo de esos tiene sus costes. Me impusieron una novia, con buenas palabras, pero ahí la tienes. La comedia acabó en boda, por el qué dirán. Quizás unas miradas inapropiadas por mi parte hacia un utillero, lo precipitaron todo. Pero es que me recordó a ti, y por un momento pensé que eras tú. Pero no eras tú. Y acabé casado con Mª Carmen. Y la he querido, no lo niego. Y tuvimos tres hijos estupendos a los que quiero. Pero siempre estuviste en mi mente, cada día, cada vez que hacía el amor con Carmen.
Un día mi carrera acabó. Se alejaron los focos, los fans. Mi cara empezaba a pasar desapercibida.
Y nos encontramos de nuevo. Tú también te habías casado. Y también tenías hijos. Era difícil. Te acuerdas aquella vez que quedamos en un hotel de Alicante. Un fin de semana. Lo pasamos bien. Nos amamos, nos pusimos al día, y decidimos seguir con nuestras vidas. Me dolió mucho, porque no sabes lo que te añoraba en aquellos días. Me dolía tanto tu ausencia cada día... No te miento, cada día de mi vida te he recordado. Cuando he besado con pasión a Carmen, te besaba a ti. Cuando hacía el amor con ella, lo hacía contigo, era la única forma que había de que pudiera hacerlo. Renunciar a ti de nuevo, era un gran sacrificio. Lloré mucho en el avión de vuelta. Pero teníamos una familia cada uno, familia a la que queremos. No podíamos dejarla de lado de repente. Los chicos estaban en una edad complicada. Decidimos no vernos durante un tiempo, pensamos que era lo mejor. Tampoco era cuestión de arriesgarse a habladurías y que nuestros hijos fueran afectados.
Pero no pudimos resistirlo mucho tiempo. Y las casualidades de la vida hicieron que Carmen y Felisa se conocieran por casualidad en un curso de cocina de la Caja de ahorros. Y eso nos dio justificación para retomar nuestra amistad de cara a la gente, nuestro amor para nosotros. El jueves era nuestro día.
Cuando Carmen murió hace cinco años, lo pasé muy mal. La quería de verdad. Fue un matrimonio concertado, por así decirlo. Me buscaron la novia, ya te he dicho. Ella lo sabía desde el primer día. Pero nunca se quejó. Y me quiso con toda su alma. Por eso cuando murió, de alguna forma sentí que la había traicionado, que no había sido justo con ella. Porque en realidad, la había querido, pero... no la había amado como ella se había merecido. Porque, sabes, joder, es que siempre te he amado a ti. Y ha sido un amor de los que duelen. Dolor por la ausencia, siempre la ausencia. Dolor por la impotencia. Y por la mentira que te obliga a vivir. Menos mal que estabas cerca para sujetarme en aquellos momentos.



Poco después, vino Felisa a verme. Me dijo que te iba a pedir el divorcio. “Ya ha llegado el momento de que seáis felices juntos”. Me lo dijo sonriendo. Ella también lo sabía. Se lo había contado Carmen. “Si es que se os nota la chispa que hay entre vosotros”. “Os pensáis que nadie se da cuenta pero... se os cae la baba”. “Yo voy a dedicarme a ligar por ahí, que de joven no pude echarme al monte.” Os divorciasteis al poco. Lo chicos se quedaron contigo y ella cumplió su palabra de vivir la vida. Y lo feliz que se la ve.
Bueno. Y aquí estamos. Llevamos cinco años viviendo juntos. Con nuestras manías, y rarezas, ya somos mayores. Pero cada vez te quiero más, Manuel. Te amo, te amo, te amo. No he podido pasar mi vida junto a ti, desde esos 19 años en que nos encontramos por primera vez. Por eso ahora, quiero, deseo no perder ni un minuto de tu amor. De tu compañía.
Por cierto, se me ha ocurrido una cosa, una pregunta que nunca te hice: ¿Te quieres casar conmigo?

Con mucho amor,


Juan.


miércoles, 1 de julio de 2015

Empezando el mes. Rey.

En realidad me las ha enviado Rey para desearnos buena semana. Pero casi que ya a estas alturas, mejor es que nos las auto-dediquemos para desearnos un maravilloso mes de julio. Y nuestros deseos se ven acompañados de estos maromos impresionantes. Muchos latinos y muchos negros estupendos. Y muchos vecinos.
























martes, 30 de junio de 2015

Hoy toca chico del norte.

Me imagino que será del norte.
Lo que sí sé es que es mono, y tiene ojos, aunque algunos no se los veáis.
Rey lo ha enviado.








lunes, 29 de junio de 2015

Recreación de una fiesta.

Estamos de fiesta en mi ciudad. Y para celebrarlo, que mejor que esta serie de fotos maravillosas con muchos globos y con mucho arte.










¡Felices fiestas!